¿En qué categoría me toca estar? La guía para no perderse
Una de las primeras preguntas que se hace todo monotributista (o futuro monotributista) es: ¿en qué categoría tengo que estar? No es un dato menor: de la categoría depende cuánto pagás por mes. Y equivocarse —para arriba o para abajo— tiene consecuencias. Acá te explicamos cómo funciona el sistema de categorías de la forma más simple posible.

Un abecedario de la A a la K
El Monotributo se organiza en 11 categorías, identificadas con letras: de la A (la más baja) a la K (la más alta). Cuanto más alta la categoría, mayor es la cuota mensual.
¿Y qué define en qué categoría caés? No es un solo dato, sino cuatro parámetros que se miran en conjunto:
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1) Ingresos brutos anuales: lo que facturaste (devengado) en los últimos 12 meses.
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2) Superficie afectada a la actividad: los metros cuadrados de tu local u oficina destinados a la actividad. Ojo: se cuenta el espacio donde efectivamente trabajás o atendés; depósitos, jardines o estacionamientos no suman.
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3) Energía eléctrica consumida: los kw que consumiste en el año, según las facturas de luz.
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4) Alquileres devengados: cuánto pagás por año de alquiler del espacio donde trabajás.
La regla de oro es simple pero implacable: te corresponde la categoría del parámetro más alto. Si por facturación entrarías en la B, pero tu local mide 70 m², te toca la D (porque 70 m² supera los topes de B y C). No se promedia: manda el parámetro mayor.
¿Y cuánto se paga?
La cuota mensual tiene tres componentes: impuesto integrado, aporte jubilatorio (SIPA) y obra social. Además, el impuesto integrado distingue entre dos tipos de actividad: prestación de servicios o venta de cosas muebles (a partir de la categoría C, quien vende productos paga un poco menos de impuesto).
Algunas situaciones especiales
• ¿Trabajás desde tu casa? Solo se computa la superficie y la energía afectadas a la actividad. Si tenés un solo medidor de luz, se presume que afectás el 20% del consumo (o el 90% si tu actividad es de alto consumo energético), salvo prueba en contrario.
• ¿Tu actividad no usa local? Entonces el parámetro superficie directamente no aplica. Lo mismo pasa con ciertas actividades puntuales: la enseñanza, los estacionamientos, los alquileres de inmuebles y varias más están exceptuadas del parámetro superficie; y los kioscos o heladerías, por ejemplo, no computan energía eléctrica.
• ¿Tenés más de una actividad? Te categorizás por la actividad principal (la que más ingresos te genera), pero sumando los ingresos de todas las actividades incluidas en el régimen.
• ¿Sos empleado además de monotributista? Tu sueldo en relación de dependencia no cuenta: para la categoría solo importan los ingresos de tu actividad independiente.
El error más común
Muchos se anotan en una categoría baja “para pagar menos” pensando que nadie lo va a notar. ¡Mala idea! ARCA cruza datos de facturación electrónica, movimientos bancarios, gastos con tarjeta y compras, y puede recategorizarte de oficio, cobrarte las diferencias con intereses y aplicarte una multa del 50% del impuesto omitido. La categoría correcta no es la más barata: es la que refleja tu realidad.
En resumen
Tu categoría surge de comparar tus cuatro parámetros con la tabla y quedarte con el más alto. Revisala al menos dos veces por año —justamente para eso existe la recategorización semestral, que te contamos en la próxima nota— y ante la duda, consultá con un profesional. Estar bien encuadrado es la mejor forma de dormir tranquilo.
Esta nota es de carácter informativo y no constituye un asesoramiento profesional.